Capablanca

•Diciembre 9, 2009 • 1 comentario

De Victor Munguia

La Colmena es una larga avenida que comienza en la Plaza Dos de Mayo y termina en el Parque Universitario, las calles que la atraviesan representan lo que es el país : desde el pueblo trabajador presente en la conglomerada Plaza San Martin hasta los aposentos del Hotel Bolivar, el Crillón y el Club Nacional, antiguo bastión de la plutocracia peruana.

Todos llegamos a La Colmena, y distintas épocas la han presentado con variado aspecto sin abandonar ese encanto sutil que no está en las cosas ni los edificios sino en el embrujo que la Ciudad de los Reyes mantiene hasta hoy.

En los setentas los libros marxistas hacian su debut en las veredas y la literatura en papel burdo pretendía poner la cultura al alcance del pueblo de la mano de vendedores ambulantes, algunas veces tan ilustrados y autodidactas que se enfrascaban en largos coloquios con sus compradores.

La invasión de gente de mal vivir en los noventas y la tendencia a mudar el Perú hacia Miraflores no ha tocado en absoluto a La Colmena, que guarda con recelo ese mundo de neón, cines e intelectualidad izquierdista que lucha sin cuartel por no abandonar esta larga avenida en que muchos hemos crecido.

Aquí me encuentro ahora, cerca al jirón de La Unión, anhelante de hallar esa Lima que amo, busco el Bar Zela, el Munich, Belén, saludo al General San Martin, me dirijo hacia el Parque Universitario, y ahi frente a La Casona Sanmarquina me detengo a recordar. Van a ser las diez de la mañana, y la ciudad me ignora en su rutina.

Estaba totalmente sumerjido en las memorias de otros dias en esta mi patria, cuando alguien me sustrajo de mis recuerdos, abrió los brazos, esbozó una sonrisa, y lo reconoci, es cierto, pero no pude precisar su nombre.

En cambio,Capablanca, pronunciaba mi apellido, feliz de verme. Nos abrazamos efusivamente, después le hize muchas preguntas, del colegio,del país, y terminamos hablando de la guerra popular, Mao, Rolando, Gonzalo y Pol Pot. Capablanca iniciaba el tema y mirándome, pensativo,repetía sin cansancio, carajo así hablaba Zarathustra !

Yo nunca me río de la muerte, le aseguraba parafraseando al gran Javier Heraud ex profeso, y él se apresuraba a citar el nombre del poeta, era evidente que queria demostrarme que habia cambiado, que ya no era el peor de la clase, el que los profesores agarraban para demostrar lo que sucedia con los que no estudiaban.

Ahora si lo ubicaba, era el 44, Saldivar, uno de mis grandes camaradas de colegio, alegres por este encuentro fortuito, caminamos por La Colmena alejándonos del Parque Universitario y La Casona.

Dejamos el área de los vendedores de literatura marxista en paperback, y entramos a la zona del ajedrez, donde una regular cantidad de personas esperaban turno de juego.

En pocos minutos habrá una simultánea, quédate, me propuso. Solo un poco, porque la verdad no soy muy aficionado, le contesté al mismo tiempo que un tipo de cabello desordenado, le avisaba : Capablanca, el maestro Zúmary llega en cualquier momento con los periodistas.

Traté de aclararme a mi mismo que iba a producirse aquí, el nombre de Miguel Zúmary era conocido por sus grandes actuaciones en torneos europeos que le habian valido el rango de gran maestro internacional y mi amigo iba a ser uno de sus antagonistas.

Me quedé, conforme a lo prometido, y mientras el 44, convertido en Capablanca, se disponía a tomar su lugar, me di cuenta que llevaba en sus manos un libro de José Raúl Capablanca y un cuaderno de apuntes que puso cerca al tablero, en un banquito.

Los ushers estaban culminando sus labores y ya el “loco” Zumary estaba alli con los reporteros trás su famosa presencia. Observaba ausente y solo distrajo un momento la mirada en Capablanca para intimidarlo con su fama de genio.

Mi ex compañero de colegio, que seguia siendo aquel muchacho humilde que siempre conoci, sin saber que hacer, se puso las manos en los bolsillos esperando el inicio de la partida mientras Zúmary, vestido elegantemente, con terno azul, camisa blanca y bufanda vino tinto con el emblema del “partido aprista” estrechaba uno por uno, a su turno,la mano del rival y hacia el primer movimiento porque por derecho tenia las blancas.

Capablanca era el único que anotaba sus jugadas, y con esfuerzo lei lo que tenia apuntado e5,nc6,nf6…no registraba los movimientos de su contrincante ?, me pregunté.

El juego avanzaba y el Gran Maestro Internacional iba deshaciéndose uno a uno de sus oponentes que, resignados, pasaban a espectar las otras partidas, hasta que al final solo quedó Capablanca.

La gran cantidad de espectadores del duelo entró en delirio el instante en que vimos al Loco Zúmary tirar el tablero y salir molesto. Capablanca quiso seguirlo para increparle su conducta pero la nube de reporteros y la cantidad de admiradores del gran maestro internacional se lo impidió.

A Malambito escuché vociferar al grupo, y caminé en medio de los ajedrecistas callejeros que celebraban su primera “gran victoria” sobre las élites, a duras penas me acerqué a mi amigo y lo felicité por su triunfo. Entonces, me dijo: nada, no fue nada, vamos a tomarnos unas chelas.

Capablanca estaba orgulloso y triste, crei que era otra clase de persona, pero asi son todos, se lamentaba. Si, asi son todos, repeti, sin reirme, porque nunca me rio de las derrotas ni de los triunfos de los seres humanos, me dije a mi mismo por millonésima vez, en La Colmena, escenario de los encantos y desencantos del peruano joven con ilusiones que un día fui.

Te espero

•Diciembre 7, 2009 • Dejar un comentario

De José Angel Buesa

Espero tu sonrisa
y espero tu fragancia
por encima de todo,
del tiempo y la distancia.

Yo no sé desde dónde,
hacia dónde, ni cuándo
regresarás… sé sólo
que te estaré esperando.

En lo alto del bosque
y en lo hondo del lago,
en el minuto alegre
y en el minuto aciago

En la función pagana
y en el sagrado rito,
en el limpio silencio
y en el áspero grito.

Allí donde es más fuerte
la voz de la cascada,
allí donde está todo
y allí donde no hay nada

En la pluma del ala
y en el sol del ocaso,
Yo esperaré el sonido
rítmico de tu paso.

Comprendo que de mí
ya se ría la gente
al ver cómo te espero
desesperadamente.

Cuando todos los astros
se apaguen en el cielo.
Cuando todos los pájaros
paralicen el vuelo
cansados de esperarte.

Ese día lejano
yo te estaré esperando
todavía.

No importa:
aunque me digan todos
que desvarío

Yo te espero
en las ondas musicales del río,
en la nube que llega blanca
de su trayecto,
en el camino angosto
y en el camino recto.

Niño, joven o anciano,
sonriendo o llorando,
en el alba o la tarde,
yo te estaré esperando

Y si me convenciera
que ese ansiado día
no habría de llegar,
también te esperaría.

Los versos del capitán – La muerta

•Diciembre 6, 2009 • Dejar un comentario

De Pablo Neruda

Si de pronto no existes,
si de pronto no vives,
Yo seguiré viviendo.

No me atrevo,
no me atrevo a escribirlo, si te mueres.
Yo seguiré viviendo.

Porque
donde no tiene voz un hombre ,
allí mi voz.

Donde los negros sean apaleados,
Yo no podré estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos
entraré Yo con ellos.

Cuando la victoria,
no mi victoria, sino la gran victoria llegue
aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré aunque esté ciego.

No, perdóname.
Si tú no vives, si tú, querida, amor mío,
si tú te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho.

Lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón,
andaré con frío y fuego y muerte y nieve.

Mis pies querrán marchar
hacia donde tú duermes,
pero seguiré vivo.

Porque tú me quisiste
sobre todas las cosas indomable,
y por amor, porque tú sabes
que soy no solo un hombre
sino todos los hombres.

Confidencial

•Diciembre 3, 2009 • Dejar un comentario

De Victor Munguia

Mis datos de filiación son simples
nací en el Perú, un mes de Enero
lo demás tiene el sello de confidencial
que resguarda mi visión ideopolítica

Llegué a la tierra prometida
hace más de veinte años
tenia mi diploma de abogado
y veinte dólares en los bolsillos

Vine en busca de un mundo diferente
y de un tiempo entre los mortales
queria viajar cada mañana adonde
nadie hable nuestro idioma

No es necesario decir
que nunca fui miembro de células
ni congregaciones religiosas
no soy un hombre de iglesias ni partidos

Mis datos de filiación lo dicen
naci en el Perú, en Enero,
escribo y vivo en la tierra prometida
hace más de veinte años.

No es bastante ?

Con Clark Kent en La Colmena

•Diciembre 1, 2009 • 2 comentarios

De Victor Munguia

7 pm. en La Colmena : Clark Kent estaba esperando que llegara Luisa, era la misma pared en la que antes habia visto recostado a Camilo Sesto, notable, seguramente, porque alli habia vuelto muchas veces. Nadie me miraba a estas horas, todos estaban atraidos por la fantástica figura del hombre de acero.

Venía del Bar Munich, me despedi de los compañeros de oficina y estaba decidido a no detenerme , como todos los curiosos, para saludar a Clark Kent y preguntarle que tal era el trabajo en el Planeta.

Pero, Clark estaba tan ocupado en ser famoso que quizá ni se dió cuenta que yo pasaba por alli…Yo, que tenía unas copas demás y lo único que queria era encontrar a Olga, acariciarla, llevarla al cinco y medio, en taxi, morder su boca y desquitarme por esta larga semana aguardando nuestro encuentro de los Viernes…

Me detuve en ese mismo lugar y no dije nada, ni como estás Clark, tampoco le di un apretón de manos como se hace con los personajes célebres. Yo seguia pensando en Olga.

No sé si este Clark Kent tiene una pizca de idea de lo que significa estar aqui, mezclarse con los humanos y desear muy fuerte que ella no vaya a faltar a la cita, como hacen muchos en esta esquina del viejo Hotel Crillón, aunque en su rostro incomodo se podia adivinar su impaciencia.

Pero ya no era posible escucharlo cambiar de tema y que me diga lo mal que jugó la U, que nos contemos la historia de nuestro hinchaje, y del campeonato perdido porque en esos momentos apareció mi Olga, con su ropa ajustada, provocando que los morbosos volteen a mirarla y se exalten con la visión de su cuerpo fenomenal, su blusa roja, su pantalón negro, su rostro de cantante chicha.

Y no oi más a Clark Kent, ni a sus superamigos que le hacían compañia para que no sintiera la demora de su amada que estaria tratando de tomar una combi desde su oficina hasta el centro de Lima.

Ante el cuadro renacentista de Olga y yo abrazados, Clark hizo una mueca de hombre de acero derrotado, como si la kriptonita escondida en alguna parte le estaria haciendo efecto. Lo compadecí.

Ya estaba pensando en que hotel, yo y Olga, iriamos a parar cuando el imbécil de Clark se acercó y totalmente inoportuno exclamó fuerte no me presentas a tu amiga ?..Lo miré con desprecio pero el superidiota no lo notaba o se la daba de vivo, le extendió la mano y ella emocionada le pidió que le firmara un autografo para sus hermanitos..me reí.

Nunca me dijiste que creias en estas historietas absurdas de superheroes y pamplinas que hacen para los minusválidos cerebrales…pero Olga ya no me escuchaba.

Estaba embelesada con Clark, y seguian hablando como si yo no existiera. Caminé hacia un vendedor ambulante y compré un cigarrillo, los dos simulaban no darse cuenta que yo no estaba y platicando se alejaban de mi.

Di unos pasos, senti tambalearme, encendí el cigarrillo y le pedi a Santa Bárbara que me sacara de alli, era un recurso que me enseñó la abuela. Y dió resultados. En dos minutos un taxi se paró a mi lado y subí sin decir nada, llévame a la Nene, le pedí.

Y allí en la Nene, quise olvidar a Olga y su traición. Me perdí con Ivonne, en esos cuartos sucios y viejos, me quité la corbata y ella me preguntó cómo se llama? Quién le pregunté y respondió esa que te ha hecho sufrir..Cómo sabes eso? Porque estoy acostumbrada a escuchar estas historias..y tú tienes una, no ?

Si, pero no voy a hablar de ella, ni de Clark Kent, Camilo Sesto o los superamigos, sólo que hoy he dejado de creer en los superhéroes, las mujeres y los cuentos de final feliz. Soy puta mi amor, puedes hablar con confianza, dijo mientras se desnudaba..La tomé de los hombros, la besé en la boca y le susurré al oido no, tú no eres puta..ella es más puta que tú…Y abandoné para siempre esa noche al niño que yo era.