Asomaba a sus ojos una lágrima (Rima XL)

•Febrero 10, 2010 • Dejar un comentario

De Gustavo Adolfo Becquer

Asomaba
a sus ojos una lágrima
y a mis labios
una frase de perdón;
habló el orgullo
y se enjugó su llanto,
y la frase
en mis labios expiró.

Yo voy por un camino;
ella, por otro;
pero al pensar
en nuestro mútuo amor,
yo digo aún
por qué callé aquel día?
Y ella dirá
por qué no lloré yo?

Canción de la Noche Sola

•Febrero 9, 2010 • Dejar un comentario

De José Angel Buesa

Fue mía una noche.
Llegó de repente,y huyó como el viento,
repentinamente.

Alumna curiosa
que aprendió el placer,
fue mía una noche.
No la he vuelto a ver.
Fue la noche sola
de una sola estrella.

Si miro las nubes,
después pienso en ella.
Mi amor no la busca;
mi amor no la llama

La flor desprendida
no vuelve a la rama,
y las ilusiones
son como un espejo
que cuando se empaña
pierde su reflejo.

Fue mía una noche,
locamente mía:
me quema los labios
su sed todavía.

Bella como pocas,
nunca fue más bella
que soñando el sueño
de la noche aquella.

Su amor de una noche
sigue siendo mío:
la corriente pasa,
pero queda el río;
y si ella es la estrella
de una noche sola,
yo he sido en su playa
la primera ola.

Amor de una noche
que ignoró el hastío.

Somos
las distantes orillas de un río,
entre las que cruza
la corriente clara,
y el agua las une,
pero las separa.

Amor de una noche:
si vuelves un día,
ya no he de sentirte
tan loca y tan mía.

Más que la tortura
de una herida abierta,
mi amor ama el viento
que cierra una puerta.

El amor florece
tierra movediza,
y es ley de la llama
trocarse en cenizas.

El amor que vuelve,
siempre vuelve en vano,
así como un ciego
que tiende la mano.

Amor de una noche sin amanecer:
Acaso prefiero no volverte a ver!

Habitantes de este Siglo

•Febrero 6, 2010 • Dejar un comentario

De Victor Munguía

Aquel lugar tiene una parte de su vida y cada vez que sale le hace falta volver pronto, estar a solas,leer, pensar.En las paredes no hay fotos ni recuerdos de nadie y en los libros están sus notas haciéndose viejas.

Ella es una muchacha simple,vive en Long Island, viaja en tren,en los weekends largos visita Orlando o Las Vegas.Yo la vi una tarde, iba con lentes oscuros y shorts distraida en el muelle de South Street, allá en el Pier 17.

Y amé el nuevo dia, el aire que respiramos para vivir,la grandeza del mar y el cielo,este universo creado por Diós.

Yo vengo de las multitudes,de la soledad entre las gentes, he andado mucho y soñado demasiado.Yo soy de aquellos que no quieren abandonar la libertad que poseo como una casa.

Tú y Yo somos habitantes de este siglo,preferimos los segundos,los instantes eternos de una bella historia más allá de las citas, los documentos legales, las recepciones y los invitados.

Nos deslumbra el flashback de una tarde con la fantástica visión de un rostro que pasa cerca, muy cerca y continúa el camino sin internarse en nuestras vidas.

Somos este nuevo mundo de seres libres pero solos, muy solos.

La historia me absolverá

•Febrero 4, 2010 • Dejar un comentario

Fragmentos del Alegato de Defensa del Comandante Fidel Castro durante el juicio en su contra por la toma de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo.

Señores magistrados:

Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones: nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona.

Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy setenta y seis días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales. Quien está hablando aborrece con toda su alma la vanidad pueril y no están ni su ánimo ni su temperamento para poses de tribuno ni sensacionalismo de ninguna índole.

Si he tenido que asumir mi propia defensa ante este tribunal se debe a dos motivos. Uno: porque prácticamente se me privó de ella por completo; otro: porque sólo quien haya sido herido tan hondo, y haya visto tan desamparada la patria y envilecida la justicia, puede hablar en una ocasión como ésta con palabras que sean sangre del corazón y entrañas de la verdad.

…Como resultado de tantas maquinaciones turbias e ilegales, por voluntad de los que mandan y debilidad de los que juzgan, heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se me oiga, que mi voz se apague y nadie se entere de las cosas que voy a decir.

Para qué se quiere ese imponente Palacio de Justicia, donde los señores magistrados se encontrarán, sin duda, mucho más cómodos? No es conveniente, os lo advierto, que se imparta justicia desde el cuarto de un hospital rodeado de centinelas con bayonetas calada, porque pudiera pensar la ciudadanía que nuestra justicia está enferma y está presa.

…El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política. Quizás luzca fría y teórica esta exposición, si no se conoce la espantosa tragedia que está viviendo el país en estos seis órdenes, sumada a la más humillante opresión política.

…Cuando vosotros juzgáis a un acusado por robo, señores magistrados, no le preguntáis cuánto tiempo lleva sin trabajo, cuántos hijos tiene, qué días de la semana comió y qué días no comió, no os preocupáis en absoluto por las condiciones sociales del medio donde vive: lo enviáis a la cárcel sin más contemplaciones.

Allí no van los ricos que queman almacenes y tiendas para cobrar las pólizas de seguro, aunque se quemen también algunos seres humanos, porque tienen dinero de sobra para pagar abogados y sobornar magistrados.

Enviáis a la cárcel al infeliz que roba por hambre, pero ninguno de los cientos de ladrones que han robado millones al Estado durmió nunca una noche tras las rejas: cenáis con ellos a fin de año en algún lugar aristocrático y tienen vuestro respeto.

En Cuba, cuando un funcionario se hace millonario de la noche a la mañana y entra en la cofradía de los ricos, puede ser recibido con las mismas palabras de aquel opulento personaje de Balzac, Taillefer, cuando brindó por el joven que acababa de heredar una inmensa fortuna: “¡Señores, bebamos al poder del oro! El señor Valentín, seis veces millonario, actualmente acaba de ascender al trono. Es rey, lo puede todo, está por encima de todo, como sucede a todos los ricos. En lo sucesivo la igualdad ante la ley, consignada al frente de la Constitución, será un mito para él, no estará sometido a las leyes, sino que las leyes se le someterá. Para los millonarios no existen tribunales ni sanciones.”

….Para mis compañeros muertos no clamo venganza. Como sus vidas no tenían precio, no podrían pagarlas con las suyas todos los criminales juntos. No es con sangre como pueden pagarse las vidas de los jóvenes que mueren por el bien de un pueblo; la felicidad de ese pueblo es el único precio digno que puede pagarse por ellas.

Mis compañeros, además, no están ni olvidados ni muertos; viven hoy más que nunca y sus matadores han de ver aterrorizados cómo surge de sus cadáveres heroicos el espectro victorioso de su ideas.

Que hable por mí el Apóstol: “Hay un límite al llanto sobre las sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la patria y a la gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abata ni se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.”

….Señores magistrados: Yo soy aquel ciudadano humilde que un día presentó inútilmente ante los tribunales para pedirles que castigaran a los ambiciosos que violaron las leyes e hicieron trizas nuestras instituciones, y ahora, cuando es a mí a quien se acusa de querer derrocar este régimen ilegal y restablecer la Constitución legítima de la República, se me tiene setenta y seis días incomunicado en una celda, sin hablar con nadie ni ver siquiera a mi hijo; se me conduce por la ciudad entre dos ametralladoras de trípode, se me traslada a este hospital para juzgarme secretamente con toda severidad y un fiscal con el Código en la mano, muy solemnemente, pide para mí veintiséis años de cárcel.

….Termino mi defensa, no lo haré como hacen siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, es inconcebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una república donde está de presidente un criminal y un ladrón.

….En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, La historia me absolverá.

La violencia de las horas

•Febrero 2, 2010 • Dejar un comentario

De César Vallejo

Todos han muerto.
Murió doña Antonia, la ronca,
que hacía pan barato en el burgo.

Murió el cura Santiago,
a quien placía le saludasen
los jóvenes y las mozas,
respondiéndoles a todos, indistintamente:
“Buenos días, José! Buenos días, María!”

Murió aquella joven rubia, Carlota,
dejando un hijito de meses,
que luego también murió
a los ocho días de la madre.

Murió mi tía Albina,
que solía cantar tiempos y modos de heredad,
en tanto cosía en los corredores,
para Isidora, la criada de oficio,
la honrosísima mujer.

Murió un viejo tuerto,
su nombre no recuerdo,
pero dormía al sol de la mañana,
sentado ante la puerta
del hojalatero de la esquina.

Murió Rayo, el perro de mi altura,
herido de un balazo de no se sabe quién.

Murió Lucas, mi cuñado
en la paz de las cinturas,
de quien me acuerdo cuando llueve
y no hay nadie en mi experiencia.

Murió en mi revólver mi madre,
en mi puño mi hermana y mi hermano
en mi víscera sangrienta,
los tres ligados por un género triste de tristeza,
en el mes de agosto de años sucesivos.

Murió el músico Méndez, alto y muy borracho,
que solfeaba en su clarinete
tocatas melancólicas, a cuyo articulado
se dormían las gallinas de mi barrio,
mucho antes de que el sol se fuese.

Murió mi eternidad y estoy velándola.