Tango del Viudo

De Pablo Neruda

Oh Maligna,
ya habrás hallado la carta,
ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado
el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida
y madre de perros.

Ya habrás bebido sola,
solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos
vacíos para siempre

Y ya no podrás recordar
mis enfermedades,
mis sueños nocturnos,
mis comidas,
sin maldecirme en voz alta
como si estuviera allí aún
quejándome del trópico
de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres
que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses
que odio todavía.

Maligna, la verdad,
qué noche tan grande,
qué tierra tan sola!

He llegado otra vez
a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes
comida fría,
y otra vez tiro al suelo
los pantalones
y las camisas,
no hay perchas
en mi habitación,
ni retratos de nadie
en las paredes

Cuánta sombra
de la que hay en mi alma
daría por recobrarte,
y qué amenazadores
me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno
qué sonido de tambor lúgubre tiene

Enterrado junto al cocotero
hallarás más tarde el cuchillo
que escondí allí por temor
de que me mataras,
y ahora repentinamente
quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano
y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra,
entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos
el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar
en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas
y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo
y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia
que asilas en el corazón,
así también veo las muertes
que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio
que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante
por tu brusca respiración
oída en largas noches
sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera
como el látigo
a la piel del caballo.

Y por oírte orinar,
en la oscuridad,
en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada,
trémula, argentina, obstinada.

Cuántas veces entregaría
este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles
que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre
que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas,
seres desaparecidos,
substancias extrañamente
inseparables y perdidas.

~ por Victor Munguía en mayo 28, 2015.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: