Carta a Usted

De José Angel Buesa

Según dicen,
ya usted tiene otro amante,
lástima que la prisa
nunca sea elegante.

Yo sé que no es frecuente
que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda,
sin haber sido esposa.

Y me parece injusto
discutirle el derecho
de compartir sus penas
sus goces y su lecho.

Pero el amor señora,
cuando llega el olvido,
también tiene el derecho,
de un final distinguido.

Perdón,
si es que la hiere mi reproche.
Perdón, aunque sé que la herida
no es en el corazón.

Y para perdonarme
piense si hay más despecho
que en lo que yo le digo,
o lo que usted ha hecho.

Pues sepa que una dama,
con la espalda desnuda
sin luto, en una fiesta,
puede ser una viuda.

Pero no como tantas
de un difunto señor,
sino para ella sola,
viuda de un gran amor.

Y nuestro amor recuerdo,
fue un amor diferente,
al menos al principio,
ya no, naturalmente.

Usted será el crepúsculo
a la orilla del mar,
que según quien lo mire
será hermoso o vulgar.

Usted será la flor
que según quien la corta,
es algo que no muere
o algo que no importa.

O acaso cierta noche
de amor y de locura
yo vivía un ensueño
y usted una aventura.

Sí, usted juró cien veces,
ser para siempre mía
yo besaba sus labios
pero no lo creía.

Usted sabe y perdóneme,
que en ese juramento,
influye demasiado
la dirección del viento.

Por eso no me extraña
que ya tenga otro amante,
a quien quizás, le jure lo mismo,
en este instante.

Y como usted señora,
ya aprendió a ser infiel,
a mí así de repente,
me da pena por él.

Sí, es cierto, alguna noche
su puerta estuvo abierta
y yo en otra ventana
me olvidé de su puerta.

O una tarde de lluvia
se iluminó mi vida,
mirándome en los ojos
de una desconocida.

Y también es posible,
que mi amor indolente
desdeñara su vaso
bebiendo en la corriente.

Sin embargo señora
Yo con sed o sin sed,
nunca pensaba en otra
si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo
si le digo estas cosas;
pero ni los rosales
dan solamente rosas.

Y no digo estas cosas,
por usted, ni por mí,
sino por los amores
que terminan así.

Pero vea señora
que diferencia había;
entre usted que lloraba
y yo que sonreía.

Pues nuestro amor concluye
con finales diversos
usted besando a otro,
y yo escribiendo estos versos.

~ por Victor Munguía en mayo 19, 2011.

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