De Victor Munguia
Una muchacha viajando en microbús con destino a no sé dónde, y yo mirando a través de la ventanilla las calles de Lima, sintiéndome cada vez más alejado de estos paisajes que me prometí nunca olvidar, compartiamos a esta hora de la mañana el mismo asiento posterior.
No le presté atencion, juro que ni siquiera me fijé en ella, estaba medio golpeado por las noches de juerga con los progresistas y ni el duchazo o el café me podian levantar.Quería llegar de una vez al Centro Cívico,meterme a la cafetería y desayunar antes de ir al escritorio.
Sinembargo, no pude evitar ser parte de la discusión que ahora sostenían el cobrador de este micro y mi compañera de asiento,y todo por un sol más o menos que una decía que le habia alcanzado y el otro que le faltaba.El tipo se estaba poniendo atrevido y la trataba con palabras soeces, le dije que se modere y me contestó con usted no es la bronca. Molesto por su respuesta saqué un sol y se lo dí en la mano, ahora tienes el dinero completo y sigue cobrando, no fastidies más.
Su absurda lógica lo hizo argumentar que ella era la encargada de pagarle y no yo. Al diablo con eso toma tu sol y vete, entendido ? se lo grité para que supiera que no jugaba.Se fue murmurando algo y ella me pidió disculpas, hablaba enfurecida del servicio de transporte y recién pude ver sus ojos verdes y ese rostro hermoso que asocié inmediatamente con las cantantes chicha.
Me llamo Olga se presentó sin reparos, le di la mano y ante su figura que proponia el morbo, me sentí estúpido, fuera de moda, a mi edad, ridiculamente enfundado en un terno y corbata, algo propio de los burócratas y los que tienen horario, reglas y tareas que cumplir para ganarse la vida.Le dije mi nombre, y oi sin sorpresa su halago, que bonito es, yo soy el que debo decirte eso ,le aclaré, seguidamente preguntó dónde bajaría, le informé que iba hasta el Centro Cívico y sonriendo bonita, trató de adivinar sobre mi : eres raya o abogado ?.
Lo dices por mi corbata, los lentes o el terno azul ? Ni lo uno ni lo otro, soy oficinista, algún día quisiera un puesto de investigador, estudiar leyes y ser juez pero lo dudo, estoy juntando dinero para irme del pais.Tú también ? pareció sorprenderse. Si, yo también. Le di mi número telefónico y me di cuenta que no sabia nada de ella.
Y tú que haces ?, empecé mi cuestionario. Voy a ver a unas amigas que confeccionan ropa bien achore, las ayudo a vender los pedidos y me hago el dinero que necesito, no tengo que quedarme ocho horas entre cuatro paredes ni ponerme corbata.Se reia de mi ? Era asi ella ? Me confundian sus palabras.
Al darle la mano para despedirme prometió que me llamaria para devolverme el sol, cuándo ? quise saber, esta tarde, la oí decir, ya cuando bajaba.
Aquella tarde, los progresistas,amigos de siempre,dirigentes sindicales, revolucionarios de cafetín y bohemios empedernidos se juntaron al término de las labores y en su caminata hacia Belén que terminaba en el Bar Munich o La Llegada, iban discutiendo acerca de las medidas de fuerza que tomarian en caso el gobierno no resolviera el pliego de peticiones, algunos querian unirse a la CGTP, otros no, todos se reclamaban inclaudicables y no se cansaban de discutir sobre lo mismo.
Olga no me habia llamado y pensé que esa mujer era una de tantas que se te cruzan en el camino y dicen cosas solo por darse importancia y alimentar su ego, en su mundo un muchacho como yo no tenia cabida ni importancia. Había sido un encuentro fugaz en el tiempo y el espacio que evidentemente nos separaba.
Esa mañana al contarle mi encuentro a un compañero de oficina , me confirmó lo que sospeché..es una achorada, y no te habló de Malambito ? Seguramente allí para, hay fiestas viernes,sabado y domingos con grupos chicha, los dias de semana el bar esta abierto, pero es un sitio para bravos.
Obsesionado por saber si eso era verdad, les sugeri a los progre que por una vez dejaramos los sitios conocidos, que fueramos a Malambito, y estuvieron de acuerdo. Eramos ocho y caminamos desde el Centro Civico, conversando, por la Plaza San Martin, atravesamos La Colmena y sus luces con cientos de rostros que se confundian con la cartelera de los cines y el comienzo de la noche.
Malambito, ese dia y a esa hora, tenia un aspecto decadente, era un salón grande parecido a un corralón, al fondo se disponia un estrado donde triunfaban los Destellos, Los Mirlos, el Grupo Celeste, Los Ecos que hacian delirar a los chicheros al ritmo de la cumbia peruana en esa época.
Los parroquianos bebian pilsen y cristal en grandes cantidades, la música era ruidosa, y las pocas personas que estaban aqui, se levantaban de sus asientos y hacian pasitos para exhibirse. El trago hacia sus efectos. Pedimos un cacho y cinco dados, brindabamos y mirabamos a los forajidos y forajidas achorarse hasta el cansancio, con gestos poco conocidos para mi entonces.
De pronto la vi, si era ella, Olga, compartia una mesa con tres tipos y dos féminas,vestia unos jeans rojos y blusa del mismo color. Su galan era un sujeto alto,pantalones con bolsillos por todas partes y la camisa abierta, se cree malo, pensé.
A ratos, Olga lucia su cuerpo moviéndose cadenciosa mientras los demás hombres la deseaban lujuriosa, lasciva,agotadoramente. Tuve celos de los malandros que la rodeaban y me pregunté porqué. Ella era una desconocida que apenas habia encontrado por accidente en un microbús de Lima.
Los progresistas tampoco omitieron comentarios acerca de lo buena que estaba Olga y de la obscenidad pasé a la alegria cuando ella se acerco a mi, y sin que el otro se diese cuenta, mirándome, hizo el ademán que me telefonearia. Mandó un beso volado al vacio y su sonrisa me transportó a un futuro que yo no habia conocido todavía. Alzé mi copa y brindé por ella.