Epístola a los poetas que vendrán
De Manuel Scorza
Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas.
Quizá mañana los poetas pregunten
porqué nuestros poemas eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.
Yo respondo:
por todas partes se oía llanto,
por todas partes nos cercaba
un muro de olas negras.
Iba a ser la poesía
una solitaria columna de rocio?
Tenía que ser un relampago perpétuo.
Yo os digo:
mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire
el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras los mendigos
lloren de frio en la noche,
mi corazón no sonreirá.
Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
Hay cosas más altas
que llorar el amor de tardes perdidas:
el rumor de un pueblo que despierta,
eso es más bello que el rocío.
El metal resplandeciente de su cólera,
eso es más bello que la luna.
Un hombre verdaderamente libre,
eso es más bello que el diamante.
Porque el hombre ha despertado,
y el fuego ha huido de su carcel de ceniza
para quemar el mundo donde estuvo la tristeza.
