Si me ves volar
De Victor Munguía
Natalia,el amor de mis sueños juveniles, fue siempre hermosa, en mis fantasias su belleza se fue engrandeciendo hasta hacerla inalcanzable,la mujer que nunca se cruzaría en mi camino, y esa locura platónica me alejaba cada vez más del momento de decir te quiero,cantar una canción con la guitarra de mi padre, y pasear con “ella” de la mano por el parque para que todos supieran de mi felicidad.
Nunca la esperé, vivía extrañamente solitario, era un muchacho sin emociones mayores que sentarse al frente de su ‘remington” y escribir poemas que luego archivaba en un complejo grupo de material que denominé histórico. Mi vida estaba alli en cuartetas escritas trabajosamente guardando la métrica y la rima.
Mi afición poética y mi musa secreta sinembargo no impedian que fuese el mejor del colegio, mis notas eran más de lo que un estudiante que duerme a las dos de la madrugada y se levanta a las seis puede alcanzar. Además, mi fama crecia a diario con las publicaciones en el periódico mural a mi cargo.
Matemáticas con Baldor, Fisica y Max Plank, Quimica con Linus Paulin, todo tenia su orden para mi, y después de tres horas de estudio me relajaba tocando algunas canciones, siguiendo el manual del autodidacta que compré en la Plaza Dos de Mayo.
Nadie imaginaba que yo, el número uno de la clase, escuchara rock en español,leyera a Sartre y me haya declarado existencialista fuera de toda duda, sinembargo esa tarde cuando el profesor de música, don Lorenzo Humberto Sotomayor, gran compositor criollo,nos dijo que habria oportunidad de actuar en el aniversario del colegio, no lo pensé dos veces y me anoté, creando asomobro en el resto.
Inmediatamente, corrieron rumores acerca de si presentaria un sketch o recitaria a Vallejo, algunos me imaginaban interpretando “El Barbero de Sevilla” al estilo del tenor peruano Luis Alva. Era el único del “primero c” incluido en el programa y los muchachos de mi salón se tomaron en serio esto, me decian no nos vayas a dejar mal, y querian aconsejarme.
Segui sin confesar lo que iba a hacer y le sugeri al profe que tampoco les informara nada para que sea una sorpresa. En los ensayos, fui con mi guitarra y como allí estabamos únicamente los que actuariamos nadie pudo ver mi versión de “Mi Viejo”.
Esto, sinembargo, sirvió para que mis compañeros de salón alborotaran el ambiente diciendo que yo era el mismo Piero, por mis lentes y lo flaco que era en ese tiempo.Querian que cantase en el aula y me negué porque no era apropiado que la música interfiriera con mi condición de mejor estudiante.
Como todas mis tardes desde que me decidí a participar en la fiesta de aniversario del colegio, estaba ensayando con mi guitarra, cuando mi hermana y mi vecina entraron a mi cuarto sin pedir permiso ni nada,ignorándolas segui trabajando mi voz y mis dedos. Ellas se miraban entusiasmadas, tomaron la guitarra, y me pidieron escucharlas cantar “”Si me ves volar”", me gustó tanto esa canción y la alegria con que las dos la vocalizaban que me puse a cantar con ellas.
Después de acabar ese tema,intentamos otros más, y se me cruzó la idea de proponerles que nos presentemos en la actuación de mi colegio. Así de obsesionado con mis trabajos,lo fui con nuestra preparación, pulí todos los detalles, y hasta la ropa fue idea mia.
Mi hermana y Patricia observaron algo de mi look que corregí,y me entregué a desarrollar este tema y cuatro más en caso nos lo pidiera el público. Mi mamá trajo un micrófono de pedestal y alli ensayamos hasta el cansancio, la fecha se acercaba y se podia decir que teniamos vestuario y repertorio, ahora la cosa era decirle al profe que no seria yo solo sino que se trataba de un trio.
En primera instancia, el coordinador del programa de festividades me dijo que no era posible porque habria un jurado y tenían que saber quienes estarian en el escenario para decidir los premios que se iban a repartir entre los participantes. Sereno, aprovechando mi condición de alumno del cuadro de honor del colegio, le dije “no se preocupe maestro, soy sobrino del juez”, el coordinador por poco y grita eureka, ya, ya la tengo, serás el sobrino del juez, te gusta el nombre ? Fantástico, le contesté para alimentar su ego. Se creia un genio. Y cuándo los puedo ver juntos me preguntó. El día de la actuación, le aclaré,recuerda ? será una sorpresa. Aceptó confiado.
Esa tarde, mis padres y los de la vecina se unieron para ir a vernos, nos apretamos en el Chevrolet de mi viejo, y sin comentarios, llegamos al colegio. Una gran nube de estudiantes se encontraba en el auditorio y me marée un poco,mientras mi vecina me bromeaba nerviosa por la cantidad de gente.
El director se inflaba como un pavo real al ver los artistas que desfilaban en el histórico escenario, los “Skeletors”, unos rockeros de la Unidad Vecinal habian cantado en inglés, otros se lucieron con valses y marineras, hubo un mimo y hasta un arpista colegial provocó aplausos antes que nosotros.
Cuando salimos el maestro de ceremonias, que era un auxiliar del quinto y me conocia muy poco, nos anunció como “el sobrino del juez y las muchachas de su barrio”, mis compañeros del salón promovieron una tremenda bulla en la parte posterior coreando mi nombre, un payaso me gritó cuñao y los asistentes soltaron la carcajada. Ese grito ridiculo me generó un momento de duda que se disipó cuando mi hermana, que es de las que nunca se atemorizan ante nada, empezó a tocar la percusión,enseguida yo entré con la primera y Patricia con la segunda guitarra.
Casi se cae el teatrin del colegio cuando oyeron nuestras voces y movimientos al comienzo de la canción..”si me ves volar es porque estoy feliz, y si estoy feliz es que te tengo a ti, llego hasta la luna si un beso me das y por las estrellas me pongo a saltar…” El resto ya era escuchar a la gente coreando con nosotros la letra y recibir aplausos frenéticos. Repetimos “Si me ves volar” cuatro veces hasta que nos dejaron ir.
Por cierto,mi hermana, mi vecina y yo formamos un trio que se paseó por distintos colegios hasta que ingresamos a la universidad y nos distanciamos porque Patricia y Mary estudiaban Derecho en La Católica , y yo en San Marcos, donde olvidé mi época de cantante burgués para explorar el mundo de la música contestaria.
La figura de Natalia se alejaba con mis poemas, y en el infinito azul de la Ciudad Universitaria, cual ave que vuela, sin poder hacer nada, estaba yo, solo otra vez, con una sonrisa que escondía mi sorpresa en este espacio de luchas revolucionarias y canciones de Carlos Puebla

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